Publicaciones sobre la experiencia docente del CCH

De las mediaciones y otras promesas incumplidas
Nuevos Cuadernos del Colegio Número 9


Fecha: 2017-06-30
Área: General
Materia: General
Temática: Estrategias didácticas
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Autor(es)
María del Carmen Calderón Nava

Palabras clave: Cultura Básica, aprendizaje, mediación didáctica.

Como parte de mi experiencia docente, dentro de los grupos y seminarios de formación de profesores, en el intento de aplicar la Cultura Básica del Colegio de Ciencias y Humanidades, me he encontrado con que existen obstáculos que se repiten para el logro de la misma. Es por esto que hablo de mediaciones, como aquellos puentes que permiten transitar sin rudezas, de manera suave de un extremo a otro, que permiten vislumbrar el aprendizaje no como algo forzado ni fragmentado. Las mediaciones tendrían que ser algo inherente a la Cultura Básica del Colegio, de ahí que hable de promesas incumplidas pues a más de cuarenta años seguimos padeciendo rupturas, fragmentaciones e incumplimientos de logros.

Algunos de los obstáculos que generalmente se repiten en la docencia,  se refieren a dos ámbitos: el referente al contenido disciplinario y, por otra parte, el concerniente a la dimensión didáctica pedagógica.

En relación con los obstáculos referidos al contenido disciplinario, un problema vital al que se enfrenta el maestro cotidianamente, es el cómo llevar a cabo la traducción de lo teórico, lo especulativo, al campo de lo concreto. Cómo llevar el aprendizaje a elementos reales, concretos, prácticos, que signifiquen algo para el alumno, de manera tal que se los pueda apropiar.

El término apropiación tiene que ver con la concepción de aprendizaje que está en el centro mismo de la Cultura Básica, es decir, apropiación implica hacerlo suyo, y esto sólo se logra entendiendo que un aprendizaje tiene que implicar un cambio duradero, no sólo en la asignatura en cuestión, en donde al terminar el semestre lo supuestamente aprendido se desvanece, como un archivo que se cierra y cuyo contenido deja de tener sentido.

Asimismo, el aprendizaje tiene que poder ser transferible a nuevas situaciones y no sólo las referentes a los ejemplos academicistas producto del libro utilizado por el profesor; el aprendizaje que propicia la apropiación permite que lo aprendido, por ejemplo, en física, me sirva para alguna aplicación cotidiana dentro de mi casa, para la solución de un problema cotidiano etc., razón por la cual éste aprendizaje se maneja en la práctica en relación a lo que se quiere que aprenda el alumno, que logre el alumno por sí mismo.

Lo anterior no se concibe sin su relación en el propio contexto y entorno del estudiante, así se trate de asignaturas supuestamente alejadas de la realidad, como por ejemplo, la enseñanza de la filosofía.

La traducción de lo teórico a lo práctico implica dos niveles de construcción de mediaciones: cómo relacionarlo con lo cotidiano y, segundo, como clarificar los niveles de abstracción.

La relación con la cotidianidad implica el llevar a cabo acciones, y las acciones tienen que ver con la adquisición de conceptos, habilidades y actitudes (configuradas por creencias, emociones y valores) en relación a un contenido temático visto en clase.

Las acciones creadas por el docente son el proceso de construcción por medio del cual los alumnos entienden, conocen y actúan, no son simples repeticiones mecanicistas, son el resultado de una estrategia para lograr un resultado.

No puede haber no acción, pero el docente tiene que hacer consciente el para qué de sus acciones y sus repercusiones.

La clarificación de los niveles de abstracción implica que el alumno tenga claro el proceso que va de una noción a un concepto y, por último, a una categoría. Es decir, partir del conocimiento empírico, del llamado sentido común, no reflexivo,  para pasar al conceptual y, por último, a la estructuración categorial, a esa estructura racional que sintetiza múltiples determinaciones, y poder reflexionar, pensar sobre lo pensado. Pudiera parecer obvio, pero el docente tiene que especificar los distintos niveles procesuales para que el alumno pueda ubicar y aplicar lo aprendido.

¿Cómo llevarlo a cabo en la práctica, es decir, cómo construir mediaciones?

Se puede partir de la selección de un aprendizaje global o general teniendo como referente que habilidades intelectuales se quieren lograr, lo que no siempre tiene claro el profesor, o seleccionar un aprendizaje por la capacidad que tenga para poder ser transferible a cualquier tipo de situación como resultado directo de alguna  actividad direccionada en clase.

Se puede recurrir a buscar y adecuar que actividad relacionada con la propia experiencia estudiantil les proporciona cierta satisfacción, y por ende interés, y trabajar en función de la misma.

Desde el punto de vista de la dimensión didáctico pedagógica,  el principal obstáculo para el docente es el creer, dar por hecho, que una explicación teórica es suficiente. El docente tiene que jugar y experimentar con sus contenidos, es la experiencia la que produce transformación, no el elemento teórico en sí mismo, de ahí que el docente tiene que rescatar la contradicción como una herramienta que le ayude a revelar el proceso mismo de la realidad. Aquí, la mediación sería el aprender a utilizar contradicciones para lograr argumentos.

Desgraciadamente, el docente muchas veces carece de las herramientas didácticas para que lo dicho en clase sea de interés  potencial para el alumno y pueda rebasar el salón de clases. Es por esto que el jugar con tareas de desempeño donde a partir de tópicos generativos se abarque toda la gama de variables, que van desde la búsqueda de información, pasando por el análisis, síntesis, redacción, exposición e investigación, hasta la aplicación, puede lograr resultados de apropiación fundamentales en el Colegio.

Esta dimensión tiene que ver con lo que se logra, con lo que el estudiante hace. Y es la que apunta a que el estudiante quiera seguir aprendiendo.

La dimensión real de la didáctica según la Cultura Básica del Colegio relaciona actividades teóricas, participativas, problematizadoras y de resolución de problemas actuales.

No obstante, si queremos rescatar ciertas categorías del modelo educativo del Colegio tenemos que entender a la realidad educativa como una totalidad cambiante, flexible en la que se condensan e intervienen múltiples factores.

Otro de los grandes obstáculos para llevarlo a cabo es el ver a nuestra asignatura como un universo independiente de las otras materias.

A cada asignatura la autonombramos como única, sin relación con las otras, o como la hegemónica, lo que conlleva que en ocasiones, se vean en completa contradicción unas con otras, ayudando a la confusión del propio alumno.

De ahí que, hay que enfatizar no sólo el rescate de la “inter”, “trans” y “multidisciplina”, sino la necesidad de aprender a ver nuestras asignaturas a partir de la perspectiva de una totalidad en la que están presentes todas las demás, cada una con una función articulada con las otras, esto es hablar de una mediación vinculadora e integral, donde se piensa en que eres parte de un todo orgánico donde cada parte tiene una función y una razón de ser.

¿Cómo se pretende dar educación integral cuando como docentes carecemos de ella?

En la llamada “Metodología” del Colegio de 1972, se afirmaba que era carácter esencial del Colegio su flexibilidad y fácil adecuación a las necesidades, así como “generar y auspiciar constantemente iniciativas de cooperación e innovación…”[1] abriendo caminos para la imaginación. No obstante, no se ha visto plenamente cumplido.

La adecuación a las necesidades se volvió, en muchos casos, rigidez; la cooperación colegiada se convirtió en papeles burocráticos; la innovación, no en todos, pero si en muchos, se volvió repetición rutinaria.

Si bien es cierto que nuestra formación universitaria tiene que tender hacia la especialización y la fragmentación en aras de la profundización, no quita que parte del proceso de auto reflexión consista en evitar la reproducción de una noción fragmentada en función de la creación de múltiples mediaciones, que se han logrado y que si recuperamos los espacios colegiados, evitarán la formación de seres fragmentados, tanto en docentes como en alumnos, y, por ende, la formación de seres fácilmente  manipulables.Ì



[1] Incluida en la guía del Profesor del CCH, publicada por el Dpto. de Pedagogía y Psicología e Información de la Coordinación, julio 1972, pp.12-14, CCH, UNAM, México.